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lunes, 2 de junio de 2008

Lucio Urtubia, el anarquista irreductible


Anarquistas ha habido y sigue habiendo bastantes en el mundo. Los que han tenido que cometer atracos o introducirse en el contrabando para la causa son numerosos. Los que han discutido estrategias con El Ché o han ayudado a Eldridge Cleaver -el líder de los Panteras Negras- son los menos. Los que unido a todo lo anterior, hayan conseguido poner contra las cuerdas al banco más poderoso del planeta mediante la falsificación masiva de traveller checks, y sin faltar un solo día a su trabajo de albañil de construcción, sólo hay uno. Lucio Urtubia, hijo de Cascante (Navarra). Lucio, hoy en día, vive en Paris, retirado. Ha sido testigo -muchas veces parte activa- de varios acontecimientos históricos que se han dado la segunda mitad del siglo XX. vivió desde dentro el fenómeno del Mayo de 1968, apoyó con su participación el inicio del régimen de Castro, participó en toda clase de actividades antifranquistas... Pero sin lugar a dudas su gran golpe lo dio en la segunda mitad de la década de los setenta, acaparando así en la prensa titulares como el “bandido bueno”, o el “Zorro vasco”. Consiguió estafar al First National Bank (ahora Citibank) 20 millones de euros de la época, para invertir el dinero en causas en las que creía. Asombrosamente, su “carrera” le ha costado sólo unos meses de cárcel.




Lucio en la wikipedia


Documental sobre Lucio presentado en el Zinemaldia 2007

Libro sobre la vida de Lucio Urtubia

Entrevista1

Entrevista2

Entrevista3

domingo, 1 de junio de 2008

La Habana elegante


Si nada va a salvarse,
para qué escribir
que nada se salvará...
En esta mañana lluviosa
del 25 de octubre de 1962
habiendo tomado los acuerdos pertinentes
la humanidad está a punto de declararse demente.

Yo, un ciudadano cualquiera del mundo,
que habito en la casa sita en N
número 375, Habana, Cuba,
sentado en la cama
en plena posesión de mis facultades mentales
tengo a bien declarar
que me he vuelto loco.

Y como tal,
y en uso de mi insania
declaro
estar listo para el holocausto.


Virgilio Piñera




Porque me alienta el formidable orgullo
De vivir, ni envidioso ni envidiado,
Persiguiendo fantásticas visiones,
Mientras se arrastran otros por el fango
Para extraer un átomo de oro
Del fondo pestilente de un pantano.

Julián del Casal


Poesias extraidas de la maravillosa revista literaria La Habana Elegante

viernes, 9 de mayo de 2008

¿Quien dijo realismo sucio?

Breve trilogía de mi generación



I

He decidido, por fin,
regalar mi trompeta.
Me gasté un dineral,
y ahí está, ni la he mirado.
Pero tengo un amigo que
sabe tocarla, y no tiene trompeta.
No digo nada, pero pienso
que esta trompeta
nunca llegó a ser del todo mía.
Las cosas no están hechas
para quienes las compran,
sino para quienes luchan
por conseguirlas.


II

Lo he visto, no estoy ciego.
Llevo años contemplando
cómo disfrazan su encanto,
cómo se precipita
la luz que cobijó sus ojos,
y se quedan tan quietos
como la aguja sobre
una canción elegida en el vinilo.
He visto también
todo lo solos que en sí mismos
les deja la vida,
y que sonríen con toda la oscuridad
del mundo estallándoles en la cara.
Cosas que pasan de repente.
Cosas que pasan muy lentamente.
Pero no he sabido decirles
qué cosas eran exactamente
las que pasaban.
Y cuando tuve el valor de cuestionar
-Eh, ¿qué os está pasando?-,
contaban su euforia como se cuenta un milagro.
Ya era tarde, se ahogaban de felicidad.


III

Fue así que me puse a observar
cómo le iba a la gente de mi edad.
La mayoría había conseguido
estas cuatro cosas:
trabajo fijo, piso propio,
estaban casados, y tenían hijos.
Fue deprimente: yo no tenía nada.
Pero estuvo bien que les contara
cómo una joven de 18 se había enamorado de mí,
todos dibujaron un gesto de envidia.
Estuvo bien que nada había
que les hiciera creer que toda decisión
podría haber sido distinta.
Vivían en una especie de compromiso crónico
que les impedía ser ellos mismos.
Básicamente, eran mentes vencidas
en cuerpos de atleta.
Desde luego, me hicieron un gran favor:
aprendí a quererme,
y me reconcilié con mis temores.
No he vuelto a sufrir
ninguna otra crisis de identidad.
Por fin respiro libre.



Pequeños placeres

Ay que placer
arruinar los días en cosas de poca importancia,
escribir algo que no salga rentable,
asistir a reuniones inútiles,
concluir sin dietas de viaje
bajo la noche estrellada.
Ay qué placer
invitar a todo el bar,
no rebasar los 80 km/h por la autopista,
sonreír en los atascos,
ignorar los precios de la compra.
Ay qué placer
no saber la hora,
perder una buena oportunidad,
trabajar de gorra,
vivir sin concesiones.
Ay qué placer
combatir el capitalismo
con sus propias armas.

Pako Aristi – Traducción del euskera Tres cuadernos y un destino

martes, 6 de mayo de 2008

Matando el tiempo

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te ataras a la muñeca y pasearas contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.





Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas, 1962

Pido la paz y la palabra





EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero, 1955

viernes, 25 de abril de 2008

Lo siento, la suma de los colores da negro

La vida cotidiana en su complejidad y vulgaridad esconde momentos de belleza absoluta en los que para ser un héroe no hace falta volar. Nicolás Casariego, el menor de tres hermanos – todos literatos– nos trae veinte relatos que suponen una nueva e interesante exploración del mundo contemporáneo, desde la ambivalencia de enfoques y sentimientos con la que nosotros, sus habitantes, lo abordamos. Casariego es de escritura llana y sin grandilocuencias lo cual puede ser un buen descanso de otras lecturas más elaboradas.

martes, 22 de abril de 2008

La isla del lago: Innisfree

Me levantare y partiré ahora, partiré hacia Innisfree,
Y construiré allí una pequeña cabaña, hecha de arcilla y zarzas:
Nueve surcos de judías tendré allí, y un enjambre de abejas,
Y solitario viviré en el claro rumoroso.
Y algo de paz allí encontrare, pues la paz gotea lentamente,
Gotea desde los velos de la mañana hacia donde el grillo canta;
Allí la medianoche es toda un tenue brillo,
y el mediodía un fulgor purpura,
Y lleno esta el atardecer de las alas del pardillo.
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
Escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago,
Y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo más profundo de mi corazón.

William Butler Yeats 1865-1939

lunes, 14 de abril de 2008

La Playa

Me asomo a la ventana y me llegan aromas de mar y olor a tierra fresca. Hoy hace un día magnifico de playa pese a que es 10 de abril. Pienso que esto del cambio climático no es tan malo, pese a todo, para los que vivimos en climas húmedos. Decido aprovechar el día e irme a la playa por lo que me hago una tortilla de dos huevos con atún y trigueros, cojo mis cosas, las meto en la mochila y salgo de casa dispuesto a pasarme todo el día fuera, así que al salir cierro con doble vuelta. Nada más llegar a la playa veo a una docena de personas desperdigadas manteniendo de forma escrupulosa la misma distancia entre ellas. Es una cosa curiosa pero así es el ordenamiento que siempre se da en las playas. Es como si fueran colonos repartiéndose unas tierras que consideran suyas a trozos iguales. A mí no me interesa situarme entre esos espacios que dejan porque mi lógica va en dirección opuesta. Prefiero ponerme a resguardo de la brisa marina detrás del puesto de socorro, y es que aun estamos en abril pese al cambio climático. En menos de un minuto estoy ya tumbado sobre la toalla y a resguardo esperando que me inunde esa agradable sensación de los rayos del sol impactando sobre mi piel. Me pongo los cascos para escuchar en el ipod un poco de bebop del gran Charlie Parker que ayer me bajé de internet, aunque termino eligiendo el Summertime de Coltrane que encuentro más apropiado para este momento. Al rato de estar tumbado plácidamente sobre la toalla me invade un agradable sopor con el jazz de fondo pensando en ella. Repentinamente siento un hocico olisqueándome y mojándome con sus fluidos la entrepierna. – ¡Joder que susto! Largo de aquí. Ata al perro, ¿No?–, le digo a la dueña. Ella con cierta condescendencia me dice que no me preocupe que ‘su Thor’ es muy bueno y que –aun no es temporada de playa. Puedo estar aquí con el perro–. –Sí, pero átalo si molestas a la gente– le replico. A lo que me responde otra vez con que ‘su Thor’ es buen chico. Joder con la tía esta, digas lo que digas hace lo que le da la gana. Contrariado saco la UK de la mochila (una revista en euskera que me he bajado para hojear) y de paso practico un poco mi depauperado euskera. En esas estoy cuando por curiosidad me fijo a ver qué hace la chica. Debe rondar los veintiocho y pienso que es un poco pija puesto que viene vestida de modo poco apropiado para pasear un perro por la playa. Se ha sentado en un talud de arena a unos 20 metros de mí, con el sol de espaldas y en la sombra. – ¿Para qué viene a la playa la petarda esta?–. Me fijo que el perro no le hace ni caso, parece un perro salvaje, sin domesticar. Solo hay que ver los chillidos que le da ella sin que el perro le preste atención alguna. Menuda escena. Eso sí, pone mucho ímpetu en las ordenes que le da pero sin entender la verdadera psicología del animal. No entiende que es un animal y lo trata como a una persona. Pero… ¿Por qué me extraño? si tengo varias amigas con ‘perrito’ y los tratan igual. Como si fueran el hijo que no les da la gana tener. Ensimismado en estas disquisiciones suena un móvil. La están llamando, ¿Por qué no lo descuelga en vez de estar mirando cómo suena? Por fin lo descuelga y por lo que da a entender debe de ser su novio. Le esta chillando igual que al perro. Joder, esta tía trata igual a su novio y al perro. Y supongo que el novio le hará el mismo caso que le hace el perro. Me rio para mis adentros porque sé que esa seguridad autoritaria que desprende no es más que pura fachada de las inseguridades y desconocimientos sobre la psicología tanto humana como animal que padece la pobre. Me doy la vuelta a ver si dejándola de ver me olvido de ella. Juego con la arena entre mis dedos, pienso en las cosas que tengo que hacer el fin de semana. He quedado con Lorena el sábado para celebrar su no-cumpleaños, aunque espero verla el viernes en el concierto de reggae y el domingo comida con mi madre. Veré a mis perritas y prepararé la huerta, que ya viene el buen tiempo. – Ven aquí. ¡Qué vengas aquí!– escucho, haciéndome salir de forma repentina de mis pensamientos y es justo cuando veo como le pega al pobre perro con la correa. Ya no aguanto más. Voy hacia ella con la determinación de decirle unas cuantas cosas. Me ve y se pone en guardia. – ¿No sabes que así no se trata a un pobre animal? Lo único que te está pidiendo el perro es que te levantes de ahí y juegues con él. Tírale un palo o pasea y que corra por la orilla–. – Tú que sabrás. Cómprate un perro para decirle lo que te dé la gana, pero no a mi–. Es tan mal educada que merece un escarmiento. Cojo un palo cercano y tiro el palo hacia la orilla con todas mis fuerzas. El perro sale corriendo a por el palo sin importar que la dueña le tenga cogido por la correa, lo que provoca la caída de esta de rodillas sobre la arena. – ¿Ves? No puedes ni con él. Tu perro me hace más caso a mí que a ti–. Ella sale corriendo detrás del perro gritando improperios dejando sus cosas atrás cuando de nuevo suena, o mejor dicho, vibra, el móvil. Lo cojo y veo en la pantalla ‘Juan 2’. – ¿Si, quien es? –. –Soy el novio de Susana, ¿Quién eres tú? –. – ¿Yo?, soy Juan 3. Tú ya eres pasado Juan 2. Te estoy haciendo un favor al librarte de la bruja esta que pega a los novios y grita a los perros. ¿O es al revés? , qué más da. Tú ya sabes a lo que me refiero. Hasta siempre Juan 2–. Cuelgo y dejo el móvil sobre su sitio. Me vuelvo a la toalla antes que vuelva Susanita con el perro y me marcho con viento fresco. Y es que aunque haga sol aun estamos en abril pese al cambio climático.

jueves, 10 de abril de 2008

Para tí






Alegre es mi poema
Feliz quiero que estés
No quieras decirles nada
Pues no nos van a creer

Cuando las cosas no van
Solo tienes que pensar
Que la única que te quiere
Es la misma con la que estás

Si vuelves a dudar de todo
Solo tienes que recordar
Que tienes un amigo
Para reír y llorar

La maldición de los nobles

Ahí está, no me lo puedo creer. Esta gordo y calvo el muy hijo de puta. Su aspecto es lamentable. El poco pelo que tiene esta grasiento. Su barriga le cuelga. Su cara de cerdo es inconfundible. Es él, Asier Larrañaga en persona. A pesar de que me saca un año parece que tiene 40 años en vez de 20. Asier fue mi torturador durante toda mi infancia. Aun recuerdo el día que mientras dos de sus esbirros me agarraban los brazos contra la pared el me reventó las espinillas a patadas. O cuando pasaba a mi lado y me agarraba el pelo por detrás, me tiraba al suelo y me arrastraba por el pasillo delante de todas las clases. O cuando me daba en la cabeza con el diccionario Anaya con todas sus fuerzas mientras yo iba sentado en el autobús. O cuando me perseguía de forma insufrible durante toda la hora que duraba el recreo de la tarde con otros tres o cuatro para darme una paliza y que yo para evitarla tenía que estar escondido toda la hora. O cuando en el comedor me tiraba la bandeja de comida encima al pasar a mi lado. O cuando al bajar del autobús me tiraba escaleras abajo de una patada en la espalda y caía de bruces contra el suelo. O cuando…, un montón de salvajadas mas. Es el mismo hijo de puta que me amargó la vida desde que tengo uso de razón hasta los 11 años que fue cuando me marché del colegio porque mis padres cambiaron de ciudad.
Hoy estamos en una terraza de moda de la costa. El esta medio solo y yo con todos mis amigos de veraneo. Ahora sería muy fácil cobrarme todo el daño que me ha hecho. Primero quiero verificar que no sabe quien soy. Voy al baño a ver si se acuerda de mí al verme. Al pasar por delante de él le miro a la cara y ni me reconoce. Claro, yo ya no soy ese pedazo de pan más bueno que Heidi y Marco juntos. Ahora mido casi dos metros, le saco una cabeza y media y estoy más ancho y fuerte que nunca. Soy un adonis y el es un puto desecho humano. Dejo que mis amigos se vayan al siguiente pub. Me quedo en la barra hablando con la camarera mientras lo observo. Su mirada ya no es fiera, sino todo lo contrario. Está apocado, ceniciento. Le noto tics nerviosos. Bebe su cerveza solo. Su hermana está fuera con una amiga y no parece que le hagan mucho caso. Me siento a su lado y pido un cubata de ron mientras me hago un porro. Me mira y le pregunto si le molestan los porros mientras le echo el humo por encima. Al rato ya me esta contando sus desastrosas vacaciones con su hermana mientras fuma de mis canutos. Después de estar un rato hablando sobre el pueblo y chorradas de veraneantes le digo que me quiero meter un tiro de coca y que si también él quiere lo mejor es que vayamos al mirador para estar más tranquilos solos. El tío parece contento con su nuevo amigo. Tal vez sea gay y crea que ha ligado y que me van los osos. Hay que joderse. Le doy la bolsa para que haga unos tiros. Esta flipando, no sé si por los porros o por la suerte de conocerme, no se lo cree. Le digo que haga dos rayas para cada uno. Yo me las meto con mi propio rulo. No me vaya a pegar nada el mierda este. Ahora es cuando podría tirarle por el acantilado y mañana aparecería entre las rocas. Dirán que estaba drogado y que se cayó de manera fortuita. Pero… ¿En qué lugar quedaría yo? Sería un asesino. Sería un ser mucho más despreciable que el. La diferencia que veo es que él era un hijoputa de chaval y yo en cambio tengo consciencia de mis actos y sus consecuencias, que él tal vez no tenia con 10 años. Aunque yo a esa edad ya sabía discernir entre el bien y el mal, es más, creo que sé lo que es el bien y el mal desde que tengo uso de razón, gracias a gente como él. Lo cual me lleva a pensar que él no era poseedor del mal de forma intrínseca. Lo tuvo que aprender de alguien. Es precisamente ahora cuando estoy con él, colocado pero plenamente lúcido, cuando afloran los recuerdos y me doy cuenta que fueron sus padres los culpables de todo y quienes le inculcaron el odio hacia mi familia. Éramos vecinos puerta con puerta. Nosotros teníamos todo lo que el mundo ansia. Mis padres eran guapísimos y mucho más jóvenes que los suyos. Nos íbamos de vacaciones a sitios maravillosos cuando la gente solo aspiraba ir a su pueblo o a Benidorm. Los negocios de mi padre iban hacia arriba cuando al suyo lo echaron de la fábrica por la reconversión industrial. Éramos una familia idílica. Nos odiaban a muerte y el odio que veía en casa él lo asumió como su cruzada particular para recuperar el orgullo perdido de su familia. Yo a mis padres les intentaba decir lo que pasaba con las palabras de un crio de 6 años pero entonces se decía que eran ‘cosas de críos’. A mi padre solo le veía los fines de semana y cuando le decía algo él me respondía que me defendiera, que fuera como los demás niños. El era un triunfador, o mejor dicho, un luchador, y no concebía que su simiente no fuera un cabroncete como lo fue él de pequeño en su pueblo. Mi madre en cambio creo que sabía de mi padecimiento pero sin saber a qué grado llegaba. Tenían muchos problemas y quebraderos de cabeza con los negocios como para preocuparse de ‘cosas de críos’. Bueno, han pasado diez años desde entonces y aquí lo tengo. Ahora me está contando chorradas de su hermana como si me la quisiera endosar y lo que no sabe es que yo ya le gustaba a su hermana de pequeño aunque a mí nunca me gustó ella. Me aburre ya su presencia. Me da pena el desgraciado este por lo que decido terminar ya de una vez. Me asomo a la barandilla del mirador y miro como el mar golpea las rocas. La luna repentinamente aparece iluminándolo todo. Noto como el yodo marino suspenso en el aire penetra hasta las profundidades de mí ser. Siento un escalofrío. Me giro y mirándole le digo que me tengo que ir con mis amigos. Cuando intenta farfullar alguna incoherencia, le doy la coca que me queda por lo que se muestra sorprendido y muy agradecido. Nos despedimos y me voy por el camino de la costa bajo una luna que me mira complaciente pensando que lo tengo todo y el nada.

martes, 8 de abril de 2008

La Prueba


Suena un disparo enlatado por megafonía. Me estiro hacia delante y salto al vacío como si me hubieran clavado una aguja en el culo. Estoy volando y en ese instante tengo tiempo para ver por el rabillo del ojo que no he saltado entre los primeros. De ocho creo que soy el anteúltimo. También es normal, soy el más grande y peso un tercio más que todos ellos, además de ser el único que juega a baloncesto, hace waterpolo y es campeón de ajedrez con solo 15 años. Aunque por dentro estés ardiendo y notes como se evaporan las gotas de agua al contacto de tu piel te quedas frio después de estar un rato fuera de la piscina esperando el pistoletazo de salida. Penetro en el agua y noto como si me quemara la piel. Parece mantequilla caliente. Dentro ya del agua intento no clavar hacia abajo demasiado y quedarme lo más cerca de la superficie. Si me paso y me hundo más de la cuenta estoy perdido. Esta vez lo hice bien. Aprovechando la inercia de entrada me estiro como si quisiera alcanzar con la punta de los dedos la meta. El agua me pasa veloz haciendo un ruido ensordecedor en mi cabeza. Intento calcular el momento en que el impulso pierde fuerza y empiezo a cimbrear mi cuerpo bajo el agua como si de unas convulsiones violentas se tratasen. Ahora sé que mi tamaño es un impedimento que los otros no tienen, pero también sé que mi envergadura es de casi dos metros con los brazos extendidos. Para quien no lo sepa el estilo mariposa es el más jodido. Nadie quiere nadar mariposa. Esta forma de nadar es absolutamente retorcida. Pero el entrenador me eligió a mí. Algo debió verme. Ahora sé que no vio nada, solo al único que no le importaba hacer el ridículo nadando mariposa pudiendo lucirse en otro estilo más agradecido y clasificarse mas fácilmente. Con la cabeza aun bajo el agua doy mi primera batida de brazos. Abro los brazos como si fueran a descoyuntarse. Mis pies dan violentas patadas acompasadas con los brazos. Agacho lo que puedo mi cabeza notando como el agua corre por mi espalda. Doy otra brazada ampliando más aun la apertura de brazos. Creo que se me salen del tronco, pero después de dos buenas brazadas toca premio. Respirar. Por fin saco la cabeza del agua además de medio cuerpo. Cuanto más eleve mi cuerpo sobre el nivel del agua, mas lejos llegaré. Noto como las lumbares crujen. Inspiro con la mayor fuerza que puedo. Con solo dos batidas veo que he superado al de mi derecha. No estoy acabado. Sumerjo la cabeza. Con el aire de mis pulmones puedo dar en condiciones dos brazadas, una tercera me restaría velocidad y me agotaría por falta de oxigeno antes de llegar a la mitad. Son cincuenta metros. Un largo al sprint. Pienso que ya no quedare el último. No sé cuantas brazadas doy, pero estoy llegando ya a la mitad de la piscina olímpica y noto una calma a mí alrededor. No veo el agua que debieran de lanzarme los de las calles cercanas. Voy solo, pienso iluso de mí. Que va, estamos tres en línea. Tal vez sean los de las calles cinco y seis, o seis y siete. Yo estoy en la dos por el tiempo que saqué en los clasificatorios. Los mejores tiempos corren en la cinco y seis. Menos mal que no me ha tocado pared. Se nada con miedo por la calle uno, con la duda de si te vas a dar con la mano en la pared lateral de la piscina. Sigo nadando. Aquí estoy, a mí nadie me ha venido a ver. Tal vez sea mejor, o tal vez sea lo de siempre. El único que sé que mira mis progresos es el entrenador. ¿Qué estará pensando? Lo sé, lo primero es que no se lo cree, y lo segundo, que ya no saco tanto el cuerpo del agua, pero joder, que nade el si quiere ganar. Mi cuerpo es de baloncestista y mi cerebro de ajedrecista. A mí con tal de no perder me da igual, empecé con la natación por la espalda, aunque ahora mismo me motiva que el cabrón este me mire y vea que se equivoca cuando me fustiga más que al resto durante los entrenamientos. Cuando entrenamos siempre soy de los últimos, pero claro, son entrenamientos para nadadores con expectativas para los nacionales. Una hora y media nadando hasta la extenuación más el partido de waterpolo de media hora. De la natación lo que más me gusta es el waterpolo, una mezcla de resistencia, sprint y poder de elevación, fuerza. Lo que va más con mi complexión. Somos animales batiéndonos como si la vida nos fuera en ello. Sin darme cuenta me doy una ostia contra la pared. ¿Ya terminó todo? Me giro y veo también al de la calle seis en meta. ¿Quién ha ganado? No oigo nada, en mi cabeza aun resuenan las turbulencias del agua. Miro el marcador, soy segundo. No me lo creo. El entrenador me mira con cara de bobo. No está ni contento ni cabreado. Yo sí que lo estoy. Contento, claro. Es como si hubiera ganado.

lunes, 7 de abril de 2008

Mentiras

Cuelgo el teléfono con una extraña sensación de que el gilipollas este me toma el pelo. Sus palabras no me han convencido. Es más, la excusa que solo ha llegado a barruntar me ha puesto de mala ostia. ¿Tanto cuesta decir lo que uno piensa en vez de mentir?. Joder, que soy comercial y se cuando me mienten. Que se joda, mi mentira ha sido mejor y más gorda. Para mentiras las mías, que ya las he oído todas. La verdad es que yo casi nunca miento, pero me he llegado a aburrir de este tipo de gente. A pesar de no mentir casi nunca, nunca soy creído, tal vez por ser yo mismo, por lo que un buen día me decidí a mentir prácticamente en todo. Total…, me seguirán sin creer. Eso pensaba yo. La verdad es que mintiendo te creen más, ya que se asemeja a la realidad ficticia de la mayoría. Lo que me lleva a pensar que todo es una farsa y que mi forma de ser es extraña para este mundo de hipócritas. Que se jodan si creen que no miento…nunca.


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Now playing: Cuatro - Soy como el aire

No soy escritor

No, no lo soy, ya que es imposible que a escribir tan mal se le tenga por oficio serio. La verdad es que gracias a que no tengo aspiraciones de ser nada relevante en la literatura disfruto de ello. Me libera pensar que esto no llegara a nada. Tal vez sea miedo a frustrarme, dirá alguien, pero la verdad es más simple, me gusta escribir porque escribiendo me veo reflejado como soy realmente. Y es que es difícil que en estos tiempos que corren te tengan por lo que realmente eres, así que necesito verme por dentro de alguna manera al cabo del día. Por eso escribo.

miércoles, 2 de abril de 2008

La boutique



Son las 4 y algo en un reloj que nunca me preocupo de poner en hora. Me basta con que acierte el primer digito. Mirando por la ventana veo que un gato negro cruza la calle y pienso que es bastante curioso porque nunca los veo de día. ¿Donde se meten?. Llueve de forma misteriosa a través de la bruma como nunca había visto antes. Me fijo en la vieja boutique abandonada con escaparates redondos años 60 y es entonces cuando lo recuerdo todo. Yo estaba en el bar liándome un porro de marihuana sentado de espaldas a la puerta tomando una cerveza. Lo enciendo y es entonces cuando la veo. Ella era una autentica hippy, no como las pijas que van de hippy con ropa de marca cuidando hasta el mínimo detalle y que por mucho que se empeñen algo las delata. Ella era una hippy salida directamente de finales de los 60, y no me refiero solamente a la ropa si no por la energía que ella irradiaba. No sé quién de los dos empezó. Solo sé que sonriente me dijo que la marihuana que estábamos fumando le gustaba mucho. Éramos dos seres irradiando luz. Terminé regalándole unos cogollos después de reírnos de todo y la cosa termino así. Tenía que ir a por su hija donde una amiga. Después de ese día la vi un par de veces más sin poder hablar de nuevo con ella. Estaba en su coche con su hija, o ayudada por alguna amiga. Un día cuando llegaba a mi casa, justo al pasar por la Boutique y doblar la esquina vi la puerta abierta y la volví a ver. Estaba dentro decorando la tienda. Entré a saludarla y me enseño lo que hacía. Estaba pegando uno a uno cristalitos de colores y lentejuelas en la pared. Los techos tenían extraños espejos y los suelos estaban cubiertos de mosaicos que ella misma había diseñado y realizado con más amor y empeño que oficio. Por toda la boutique había percheros con ropa salida de una película lisérgica de los Beatles. Vi que entre la ropa jugaba feliz su hija, y sin saber porqué me embargó una melancolía y sentí que debía salir de allí. Aun espero impaciente la inauguración de la tienda para volver a verla. Le llevare una caja de cristales de colores que un día compré en un puesto de la calle a una chica que resulto ser una hechicera. Pero esa ya es otra historia que algún día con más tiempo os contaré. Mientras tanto el gato regresa por donde antes cruzó la calle. Pasa por delante de la boutique, se rasca en la esquina y se pierde en la noche. Ya no llueve y la bruma se desvanece.

martes, 1 de abril de 2008

Literatura basura

No quería escribir este artículo porque casi todo lo que se escribe merece un respeto. No voy a hablar de la literatura de consumo, despotricando contra Ken Follet y sus Pilares de la tierra. ¿La gente no ha leído más libros? .No voy a hablar de la interesantísima literatura anglo-pakistaní de Hanif Kureishi (gran bostezo), ni del petulante de Sánchez Dragó , ni del arribista de Pérez Reverte. El motivo del articulo es maldecir a los estafadores metidos a literatos que junto a sus editores se ríen abiertamente de los incautos que compran su obra como es el caso de Fernando Rayuela y su libro El rombo de Michaelis y que lo único que les interesa es hacer caja sea como sea aunque sea engañando de forma descarada y riéndose de uno. Veamos a qué me refiero por qué estoy que trino. Nada más empezar El rombo de Michaelis uno lee una cita que ya de entrada le escama y no sabe si se están riendo de él:
“Llévelo usted señorito, que no vale más que un real, cómpreme usted este ramito pa lucirlo en el ojal.” Raquel Meyer, La violetera
. Después de esta cita que solo viene a cuento si se están riendo de uno viene un aviso del editor en donde dice que:
“Existe un sistema alternativo para disfrutar de este libro, que consiste en buscar en cada capítulo el lugar exacto en donde aparece referido el rombo de Michaelis. Visitando la página web www.demichaelisrombo.com pueden encontrarse las soluciones correctas, así como un interesante material multimedia relacionado. Para acceder a dichos contenidos es preciso introducir una clave secreta que sólo podrá ser descifrada leyendo atentamente las páginas que vienen a continuación.”
La web ni existe, ni el material multimedia, ni nada de lo que el editor en su nota promete. ¿De qué vamos señores?. Uno lee un par de relatos y la verdad es que ya la tomadura de pelo es de aúpa. Esto no tiene ni pies ni cabeza. Es una grandísima mierda pinchada en un palo. Los esperpénticos relatos son maaaaalos de solemnidad. Uno esperaba al menos pasar un buen rato descubriendo el juego que se propone de descubrir las palabra clave y el material multimedia en la web de marras, pero nada de nada. Fernandito & editor, meteros el libro por el culo. Lo habéis logrado si era este el objetivo de tanto marketing de postal. Cierro el artículo cagándome en la madre que pario a los mercenarios de la letra impresa, los editores.

viernes, 28 de marzo de 2008

Quim Monzó, escueto y transcendente


Me gusta este escritor de relatos cortos, sobre todo porque al leerlo no resulta nada pretencioso ni en la forma ni en el fondo de sus relatos, lo cual es de agradecer ya que te libra de polvo y paja para centrarse en lo verdaderamente fundamental, la idea que quiere transmitir, y esta no es otra que enseñar de lo que está hecha la condición humana. Un fisgón de lo cotidiano, escrupuloso observador y creo que un gran romántico al lograr que aflore la belleza oculta que en los detalles habita. Recomiendo su lectura a gente que le cuesta coger un libro. Venga, que no cuesta nada, son relatitos de unas pocas hojas. Y lo digo de esta manera porque suelo ser tomado como un bicho raro por tener siempre un buen libro a mano.

sábado, 9 de diciembre de 2006

Otoño Tardio

Hoy es un día de esos bonitos de invierno.
Viento, sol y olor a tierra fresca.
La mar baila al son que le marca el viento.
Nadie en la playa los mira.
El viento nos golpea. La mar salpica.
Engullen las ruinas.

jueves, 7 de diciembre de 2006

DESIGUAL COMBATE



En la Galea, esta mañana el mar

libra un gran combate con las rocas.

El mar golpea duro con la espuma.

Sabe que tiene el tiempo a su favor.

La roca calla. Cede poco a poco.


Federico Bilbao - Octubre en el mar de la Galea