La vida cotidiana en su complejidad y vulgaridad esconde momentos de belleza absoluta en los que para ser un héroe no hace falta volar. Nicolás Casariego, el menor de tres hermanos – todos literatos– nos trae veinte relatos que suponen una nueva e interesante exploración del mundo contemporáneo, desde la ambivalencia de enfoques y sentimientos con la que nosotros, sus habitantes, lo abordamos. Casariego es de escritura llana y sin grandilocuencias lo cual puede ser un buen descanso de otras lecturas más elaboradas.
viernes, 25 de abril de 2008
Lo siento, la suma de los colores da negro
La vida cotidiana en su complejidad y vulgaridad esconde momentos de belleza absoluta en los que para ser un héroe no hace falta volar. Nicolás Casariego, el menor de tres hermanos – todos literatos– nos trae veinte relatos que suponen una nueva e interesante exploración del mundo contemporáneo, desde la ambivalencia de enfoques y sentimientos con la que nosotros, sus habitantes, lo abordamos. Casariego es de escritura llana y sin grandilocuencias lo cual puede ser un buen descanso de otras lecturas más elaboradas.
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